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Douglas Omar García Funes, director del Centro Antipandillas Transnacional

"Hay pandilleros que hasta dan tumbes de droga en altamar a narcotraficantes locales"

Carlos Martínez y Roberto Valencia
Publicado el 27 de Junio de 2011 | Comentarios (0)

Al comisionado García Funes no le cuesta asociar maras y crimen organizado. Terminarán siendo lo mismo, dice, si no se corta la evolución que llevan. Esa transformación, agrega, ya ha llegado al punto de que las pandillas pagan sueldo a sus miembros y la expansión que tienen en Estados Unidos responde a órdenes emitidas desde El Salvador.

Douglas Omar García Funes, director del CAT. Foto Roberto Valencia.

Douglas Omar García Funes, director del CAT. Foto Roberto Valencia.

El Centro Antipandillas Transnacional (CAT) nace en El Salvador en 2007, con la idea de monitorear y tratar de controlar la actividad de las pandillas. Financiado con fondos estadounidenses, este organismo lo integra una cuarentena de personas, entre agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), personal administrativo y un pequeño grupo de fiscales seleccionados de la Unidad contra el Crimen Organizado. A este equipo se suman un par de agentes permanentes del Federal Bureau of Investigation (FBI), que buscan encontrar en El Salvador respuestas a investigaciones abiertas en Estados Unidos.

El comisionado Douglas Omar García Funes, conocido dentro de la institución con el sobrenombre de Carabinero, cumplirá en junio dos años como director del CAT. Antes fue subdirector de Áreas Especializadas y subdirector de Investigaciones de la PNC, cargos en los que también tuvo que seguir muy de cerca los movimientos de las pandillas. Si nos atenemos a su currículo, es una de las personas que más de cerca ha seguido la evolución de las pandillas, y quizá esa sea una de las razones para que Estados Unidos lo ubicara al frente del CAT. Eso sí, con una supervisión directa. Cada uno de los miembros del centro, desde su director hasta el personal de limpieza, está obligado a pasar de forma periódica un riguroso filtro al que llaman veteado, que incluye una prueba de polígrafo e investigaciones realizadas directamente por agentes estadounidenses. Este mes deberán ser separados del equipo un par de policías salvadoreños que no pasaron la prueba del detector de mentiras.

Comencemos por lo de rigor: ¿cuántos pandilleros hay en El Salvador, según los reportes de la Policía?
Actualizado a mediados de marzo, hay 20 mil 809 pandilleros fichados; 11 mil 435 están en libertad y 9 mil 374 en cárceles. La MS es la más numerosa, en una proporción de casi dos a uno.

¿Ese número tan preciso deriva de aquellos pandilleros que han sido capturados?
Es del fichaje, claro. Yo respeto al ministro de la Defensa, pero hace pocos días dijo que hay como 40 mil pandilleros en el país. Yo supongo que él deberá tener su censo o un dato estadístico o una herramienta, como la que tenemos nosotros, que es el fichaje. No digo que no haya subregistro, pero será de unos 5 mil, que son los que no han entrado al sistema judicial.

En 2009 usted hablaba de unos 17 mil pandilleros. Pareciera que las estrategias del Estado no solo no consiguieron frenarlos, sino que se están fortaleciendo. ¿Se puede hablar de fracaso?
Yo no lo puedo ver así. Si lo ves como Policía, no es fracaso, porque esos números implican que de 2009 para acá se ha conseguido meter a más de 3 mil pandilleros en la cárcel. Es un éxito para la Policía; quizá no para el sistema, pero sí para la Policía.

Entendemos que su trabajo no es diseñar políticas públicas, pero entiendo que, como CAT, ustedes deberían ser una referencia para comprender el fenómeno…
Por eso te digo que si lo ves como cuestión de política o de estrategia de los gobiernos para combatir el fenómeno, sí hay un fracaso, yo no lo estoy negando. El problema es en la prevención, porque no se ha podido evitar el reclutamiento. Aumenta la cantidad de pandilleros en libertad. Pero si lo ves como trabajo policial, las cárceles están más llenas.

¿Y en qué momento el hecho de que las cárceles estén llenas es sinónimo de éxito? En El Salvador no implica que se rehabiliten, ni siquiera que dejen de delinquir.
Entre más metés más en la cárcel, sacás más de la calle. Sin embargo, aunque en la cárcel están las cabezas, no has cortado el reclutamiento… Ahí es donde está el fracaso para mí. Las estrategias del gobierno están como medio funcionando. Si no cortás las líneas de reclutamiento, esto va a seguir y va a aumentar el delito.

¿Separar las pandillas en cárceles distintas contribuyó a cohesionar la pandilla y a definir liderazgos?
Sí. Las cárceles salvadoreñas no reunían las condiciones para tomar una medida de ese tipo ni las tendrán al menos por unos años más.

¿Fue un error separarlos?
Sí, y es algo que no solo yo lo creo. Concentrar pandilleros en las cárceles los hizo unirse, fusionarse.

¿Serviría de algo desandar ese camino? ¿Mezclarlos de nuevo?
Se podría hacer, pero en cárceles que reúnan ciertas condiciones, como ya ocurre en Zacatecoluca, que hay de la MS y del Barrio 18, y en menor medida en Apanteos. Yo sí creo que funcionaría.

¿Las pandillas son ahora un problema mayor que hace un par de años?
¡Sí, claro! Y si este gobierno no ejecuta políticas adecuadas, va a seguir subiendo. Si hace dos años había fichados 17 mil pandilleros y ahora son casi 21 mil...

El tema de los números es un indicador fiable, pero no el único. Aparte de haber más pandilleros, ¿son ahora grupos más especializados, más complejos, más peligrosos?
Sí, claro que sí, porque la evolución de la pandilla no se ha estancado, como tampoco se ha estancado el reclutamiento. Las estrategias de la Policía y el gobierno pueden cambiar, pero la pandilla se va adecuando. Te pongo el caso de los homicidios, que es delicado de tratar y que hasta me puede traer señalamientos de por qué lo menciono. Decimos que 2010 fue menos violento que 2009, y en efecto lo fue, pero sobre un repunte: eso significa que las pandillas no han disminuido su accionar y que siguen matando para intimidar o para obtener beneficios dentro del crimen organizado.

Pero el homicidio no implica necesariamente que las pandillas se han vuelto más complejas.
Pero hay otros puntos: la facilidad de llegar a acuerdos con la pandilla contraria. No son amigos, pero los está uniendo un fin común y se pudo notar con el paro nacional de septiembre de 2010, donde ellos llegaron a un entendimiento. Eso no ocurría antes. Mirá las manifestaciones conjuntas que hay ahorita. Eso es una evolución: el poder que tienen ahora para dialogar para un fin común. Esa es organización, eso quiere decir que están mejor estructurados que en 2005 o 2006. O la otra tiene relación con la transnacionalización: la pandilla pudo quitarse el yugo de Estados Unidos en cuanto a las órdenes, lo que significa que ahora mandan desde acá, e incluso que la expansión de la pandilla en Estados Unidos responde a órdenes salvadoreñas. Esa es una evolución.

¿La dirección en la que se giran las instrucciones con Estados Unidos se transformó?
Claro. Se transformó. Lo pintoresco es que la pandilla nace en Estados Unidos. Ciertamente los deportados son los principales cabecillas actuales, pero los que están viniendo ya no.

¿En qué papel quedan Guatemala y Honduras? ¿A quién responden?
Es similar. Aunque el fenómeno es transnacional en la misma pandilla, sí tienen en cada país su características especiales: en Guatemala el Barrio 18 es más fuerte, está más ligado a la droga y manejan más la extorsión; en Honduras, igual. En El Salvador la MS ganó más terreno porque tenía cabecillas más estrategas.

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