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Bitácora - apuntes de los periodistas de Sala Negra / Centroamérica

Un país violento es…

Roberto Valencia
Publicado el 14 de Febrero de 2012 | Comentarios (1)
Dicen que el primer paso para la cura de un alcohólico es la aceptación de su alcoholismo. Quizá el primer paso para la regeneración de una sociedad descompuesta también sea la aceptación de su descomposición.

Un país violento es aquel en el que la clase política –la que debería dar ejemplo– empapela la ciudad de sonrisas falsas antes del plazo que la ley establece para hacerlo.

En un país violento hay familias que ganan 2,000 o 3,000 dólares mensuales que se desviven por cobrar el subsidio del gas.

Un país violento es cuando una oenegé te cita en su despacho, llegás a la cuadra, en colonia clasemediera, y no hay rótulos de la oenegé en cuestión, y te dicen que antes sí había, pero que los quitaron porque entra y sale mucho gringo, por la inseguridad.

Un país violento es en el que asesinan a una docena de personas cada día.

Un país violento es en el que asesinan a una docena de personas cada día y a la mayoría de los vivos le vale.

Un país violento es en el que asesinan a una docena de personas cada día, a la mayoría de los vivos le vale, y todavía se molestan cuando se lo recordás.

Un país violento es cuando se te cae el celular al agua, se arruina, y todos te recomiendan sin rubor que vayás a la Policía e inventés que te lo robaron, para poder hacer efectivo el seguro de robo.

En un país violento se monta un tamal para pagar menos impuestos a Hacienda y todavía se tiene la desfachatez de llamarlo milagro de amor.

Un país violento es en el que la progresía se rasga las vestiduras porque el Estado no ayuda a los pobres, y esos mismos quejosos luego pagan diez pinches dólares el día a las personas que les cuidan los hijos o les planchan los calzones.

En un país violento un descuartizamiento es tan común que ya ni se menciona.

Un país violento es cuando el arzobispo desfacela la catedral porque sí, porque es el arzobispo.

Un país violento es cuando el arzobispo desfacela la catedral porque sí, y a la mayoría de los tuiteros –a los que les vale la docena de asesinatos diarios– esto los enciende.

En un país violento las iglesias están más interesadas en ganar diezmos-ofrendas-limosnas, en ganar minutos de televisión, que en modificar conductas violentas. 

Un país violento es cuando a pleno mediodía frente a la escalinata de la catedral, con o sin azulejos de Llort, hay un viejo tumbado –ebrio o loco, quién sabe– que se ha cagado encima y hiede, y la gente que pasamos alrededor solo queremos alejarnos, como quien se alejaría de una bolsa de basura.

Un país violento es aquel en el que alguien gana $600 mensuales y cree que los suyos son los verdaderos problemas, los únicos, las estrecheces, sin reparar en cómo lo hará el 90% de los salvadoreños que viven con menos.

En un país violento el presidente usa la imagen de Monseñor Romero porque sí, porque es el presidente.

Un país violento es cuando llegás a una colonia, preguntás por alguien, y a ocho-seis-tres casas de distancia te responden que no saben quién es esa persona, pared con pared incluso, porque apenas quedan comunidades, solo gente que vive amontonada.

Un país violento es aquel en el que abundan los ignorantes disfrazados de machos alfa.

En un país violento las oenegés que dizque trabajan en la prevención de la violencia diseñan sus intervenciones al gusto de los mecenas europeos, relegando las verdaderas necesidades de los jóvenes.

Un país violento es en el que los comerciales nos siguen engañando con que somos un pueblo de trabajadores-buzos-felices-avispados-buenagente-afortunados-soñadores-nobles, olvidando los versos del Poeta que hace décadas ya nos definían como ladrones, contrabandistas y estafadores, como los reyes de la página roja, como los guanacos hijos de la gran puta, como los primeros en sacar el cuchillo.

En un país violento no respetar la cola en una trabazón, tirarse por el carril contrario, es ser buzo y avispado.

Un país violento es aquel en el que no serán dos ni tres las personas que leerán esto y su reacción será molestarse con el autor, insultarlo en su mente, pensarán: quién-se-cree-este-periodista-de-mierda-para-hablar-así-de-mi-país, en lugar de reflexionar sobre la sociedad descompuesta de la que forma parte.

Un país violento lo hacen violento el Killer de Las Margaritas y el presidente y el agente Majano de la delegación cantonal y el maestro acosador de alumnas y el tuitero que pide el retorno de los grupos de exterminio y vos y yo.

Un país violento es…

(San Salvador, El Salvador. Febrero de 2012)

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