Regresar al inicioCuando el Sherlock todavía era David, hacía algunos años ya que los muchachos no tenían en la cabeza los modales de la Guerra Fría. El enemigo de las juventudes rebeldes salvadoreñas era menos diáfano y menos puro que el imperialismo yanqui. Los sueños revolucionarios se le habían diluido a la generación que se tropezó con la paz a media adolescencia.
Corría 1994 y la oscura Policía Nacional agonizaba porque los Acuerdos de Paz, que cerraron 12 años de guerra civil, habían negociado su fin y los agentes estaban más preocupados por conseguir trabajo o por robar un arma que por vigilar las calles. La nueva Policía Nacional Civil tenía suficientes problemas intentando conciliar su propia electricidad interna: el experimento buscaba uniformar por igual a ex guerrilleros y ex miembros de los cuerpos de seguridad que apenas dos años atrás estaban matándose.
En medio de esa transición, en las calles del centro de San Salvador los alumnos de los institutos técnicos libraban una especie de guerra florida con los estudiantes de los institutos nacionales. A mediodía era frecuente ver a un tropel de chicos correteados por otros chicos que hacían llover piedras cerca del mercado Ex Cuartel, o persiguiéndose a pocas cuadras de la Catedral metropolitana, donde hacía 15 años había ardido la voz de monseñor Romero, y cuyo campanario había visto tanta muerte.
David se dejó seducir por aquel juego fascinante que permitía seguir en guerra sin creer en nada. Los nacionales reclamaban para sí el parque Libertad, el propio corazón de San Salvador, y lo defendían con la sangre… hasta que llegaba la noche e iban a cenar caliente y a dormir a casa para recobrar fuerzas y soñar con la batalla del día siguiente. Los técnicos se habían apropiado de la zona del Parque Infantil, situada a apenas seis cuadras al norte del parque Libertad.
Entre los técnicos estaban el Instituto Técnico Industrial (ITI), el Colegio San Martín (que después se llamaría Centro Cultural Italiano), el Instituto Técnico Metropolitano (ITEM), el Liceo Politécnico Salvadoreño y otros con nombre más pretencioso como los colegios Oxford y Stanford. En el bando de los nacionales guerreaban, entre otros, el Tercinframen (que después pasó a ser el Instituto Albert Camus), el Inframen, la Escuela Nacional de Comercio (Enco), el Centro Hispanoamericano de Cultura, el Nuevo Liceo Centroamericano, el Instituto Juan Manuel Rodríguez, el Instituto Arce, el David Joaquín Guzmán, el Instituto Nacional Metropolitano (Inam) y la escuelita Panamá. En uno de estos estudiaba David.
Los tirapiedras no eran todos los estudiantes, ni siquiera la mayoría; solo pequeños grupos con deseo de adrenalina. El juego dejaba lesionados por piedras y por puños. Se dio el caso de alguno al que se le fue la mano con la navaja, pero en general se trataba de una competencia de bravuras y de poses. El conflicto daba la oportunidad de labrarse un nombre y brindaba una causa por la que sangrar y hacer sangrar.
Cuando en 1992 David, que estudiaba todavía tercer ciclo, se unió a esa guerra, el origen del conflicto se había perdido ya en un universo de leyendas acumuladas durante décadas y enraizadasen las rivalidades deportivas intercolegiales de la década de los setenta.
Estudiaba en el turno de la tarde y, mientras esperaba a entrar a clases, se detenía en alguno de los carretones de tortas que bordeaban el parque Libertad para almorzar. Ahí fue aprendiendo el juego. “A veces dejaba de comerme la torta y me iba a tirar mi pedrada. Esa es la forma en la que me involucré”.
Los estudiantes tirapiedras convivían con pequeñas pandillas de ladrones que salpimentaban el escenario: la Sandía, la MZ (la Morazán), y la Mara Gallo, formada por delincuentes de poca monta del barrio La Vega. Parecería poca cosa para un país que se llenaba la boca de grandes palabras como reconciliación o desarrollo, pero terminó siendo el caldo de cultivo ideal para lo que vendría después.
Las cosas comenzaron a cambiar en serio la tarde del 15 de enero de 1994. El Salvador había sido premiado con la sede de los V Juegos Deportivos Centroamericanos, como corona por su paz reciente. El presidente Alfredo Cristiani, firmante de los Acuerdos de Chapultepec, celebró esa tarde a lo grande su última medalla.
En el Estadio Nacional Flor Blanca se presentaron decenas de bailarines que ejecutaron piezas típicas, se reventaron cohetes de vara, se hizo retumbar la pista con los tambores de las más afamadas bandas de guerra del país. Desde los graderíos, multitudes sincronizadas formaban mosaicos con la bandera de El Salvador, con “Bienvenidos” gigantes, con el rostro de Cristiani… Debajo de los mosaicos había estudiantes ganándose sus horas sociales. Atraídos por las chicas, también llegaron los tirapiedras. Entre ellos estaba David.
Esa fue la primera vez que vio a los bajados. Estaban sentados en una de las gradas del estadio, tan… tan atrayentes, tan distintos a todo lo que se había visto. Ese modo de vestir, de llevar el cabello, esos tatuajes tan… tan de allá. Llevaban pantalones Dickies y Ben Davis, camisas holgadas, y se llamaban por nombres geniales como Whisper, Sniper, o Spanky. Eran considerablemente mayores que los muchachos de los institutos –todos rondaban los 25 años– y hablaban en inglés entre ellos. ¿Cómo no acercarse?
Los homeboys,como los pandilleros se llamaban unos a otros, hablaron un poco con los muchachos… pero más con las muchachas, que habían quedado impresionadas ante tanto derroche de estilo. A partir de ese día, los nuevos personajes comenzaron a visitar el parque Libertad. David los vio tomar posesión de la plaza y multiplicarse poco a poco: “Se mantenían tomando café, comiendo tortas en los carretones de la esquina. Comenzaban a llegar tipo 10 de la mañana. La onda es que de repente veíamos a otro y a otro...”
A principio de los noventa, George Bush padre, presidente de Estados Unidos, decidió deshacerse de lo que consideraba un excedente. Durante su administración tuvo lugar una de las olas de deportaciones de indocumentados más grande de las últimas décadas. De paso, aprovechó para vaciar un poco sus cárceles, regresando a sus países de origen a jóvenes centroamericanos que en los ochenta habían ingresado en las pandillas del sur de California, y que tenían poco o ningún arraigo con su tierra natal. Cuando tocaban suelo salvadoreño, a esos bajadosno les quedaba otra que recurrir al primer familiar que la memoria consiguiera recordar o aventurarse a tomar el único microbús que en ese momento pasaba por la terminal aérea. En su recorrido, ese microbús se detenía en el parque Libertad, donde los recién llegados tenían la oportunidad de encontrarse con viejos conocidos.
Con el tiempo, en el parque Libertad se multiplicaron los muchachos tatuados con el número 18, con el eighteenstreet, con el XVIII, pero David y sus compañeros tardaron en dimensionar aquellos símbolos: “Nosotros sabíamos que eran una pandilla, pero aún no entendíamos la relevancia que tenía”.
Los recién llegados comenzaron a participar en las lluvias de piedras, en los correteos por las calles del centro a los que aportaban cada vez más navajas, más garrotes y una creativa variedad de instrumentos: chacos –que nadie sabía manejar–, aspirómetros –cables de transmisión de carros o cadenas de bicicletas o de motos–, resorteras… Pero no había aparecido en escena un arma de fuego, hasta el 15 de septiembre de 1994.
El Día de la Independencia, por tradición, los presidentes de El Salvador se colocan la banda presidencial, citan a todo el gabinete de gobierno en la plaza Libertad y caminan, flanqueados por cadetes de la Escuela Militar que hacen un pasillo de bayonetas, hasta un podio que se coloca al pie del obelisco en el centro del parque. Ese año, el derechista partido Arena había ganado su segunda elección presidencial, y el nuevo presidente, Armando Calderón Sol, debía pronunciar su primer discurso del 15 de septiembre. Para ello, la flamante PNC desplegó uno de sus primeros operativos y trapeó a todos los indeseables que había en el perímetro para evitar que los ya famosos tirapiedras aguaran la fiesta cívica.
Estudiantes y pandilleros se habían refugiado en una cafetería situada en una de las esquinas que flanquean el parque, junto a la iglesia El Rosario, listos para recuperar el control de su parque cuando terminaran los actos protocolarios. Pero cuando la Policía entró a revisar el local encontró, oculto en una bolsa blanca, un revólver cargado. El hallazgo alborotó el hormiguero.
Los agentes comenzaron a cachear, manos en la nuca, a los pandilleros y a cuanto estudiante se cruzó por el lugar, pero uno de ellos echó a correr como un loco y escapó. En la confusión, otros aprovecharon para zumbarse.
Preocupados por perder el control de la situación, los agentes no se anduvieron con distingos y subieron a todos a sus pick up. Esa fue la primera vez que David durmió tras las rejas. Tres días y tres noches juntos en las bartolinas de la Policía terminaron de fraguar la fraternidad entre los pandilleros angelinos y los estudiantes de institutos nacionales. Hubo tiempo para escuchar de gestas pandilleriles, para aprender a respetar aquellos números, para entender el profundo significado que tenía para sus portadores. “Algunos desde ahí nos comenzamos a considerar 18”, recuerda David.
En los días siguientes, los sacerdotes de El Rosario fueron testigos de los primeros brincos de adolescentes al Barrio 18 en el centro de San Salvador. A pocos metros de la fachada de la iglesia, decenas de estudiantes se sometieron, uno tras otro, a ese rito de iniciación pandilleril: una paliza de 18 segundos proporcionada por tres homies ya brincados, y que prueba tu valor y tu compromiso con la pandilla. Cuando los curas los corrieron a gritos del lugar, los jóvenes trasladaron los bautismos a un pequeño callejón sobre la 4a. Calle Oriente que se hunde unos metros desde el nivel del suelo y al que se accede por unas gradas curvas.
Para el que transitaba por la calle era imposible ver lo que ocurría ahí, pero antes de que terminara 1994 decenas de chicos habían cruzado ese umbral. David recuerda eventos multitudinarios. “¡Había hasta colas para brincarse! Ahí vos mirabas al vergo de hijos de puta”.
En ese pasillo de la 4a. Calle Oriente, un día de diciembre de 1994 David decidió dejar de ser David y renacer a fuerza de puños y puntapiés como el Sherlock.
* * *
Samuel venía de un cantón mínimo, donde no había parque ni iglesia ni mercado. Llegó a la gran ciudad siendo un niño. Para él, la gran ciudad se llamaba San Martín, un apretujado municipio de San Salvador en el que recaló a los 11 años. Intentó estudiar, pero reprobó y lo sacaron de la escuela. “Entonces yo andaba en las calles viendo el menú”, recuerda. A su modo de ver había un menú bien servido: salones de máquinas de videojuegos, parques, calles… Comenzó a vagabundear con una fauna local mucho más vivida y experimentada en el modo de vida urbano. Era 1991.
El hermano de Samuel vivía en otra colonia y acababa de ser padre. Cada vez que conseguía meterse en la bolsa algunos centavos, Samuel compraba algún regalo para el bebé y corría a visitarle. En esa colonia conoció al primer pandillero del Barrio 18 con el que tuvo relación. Tras los lustrosos bajados caminaba un enjambre de niños, que él considera su “promoción”.
En un principio, antes de adoptar como suyo el parque Libertad, cada uno de los pandilleros deportados recurría a lo que le quedara de familia en el país. Si no les quedaba ningún ancestro en la memoria, recurrían a la hospitalidad de loshomiesque ya habían conseguido un techo; de modo que al aparecer uno en algún barrio, no tardaba en aparecer otro y otro y otro…
Pero en los aviones de deportados no viajaban solo miembros de la 18, una de las más antiguas pandillas angelinas, consolidada en los años 50, sino también sus adversarios de una agrupación surgida en los años 80, formada principalmente por centroamericanos y que había tenido una vertiginosa expansión, llamada la Mara Salvatrucha o MS-13.
La lógica hizo incluso pensar a muchos bajados que, a medida que creciera el número de pandilleros angelinos en El Salvador, la Mara Salvatrucha sería hegemónica en el país. Por identidad, por número de integrantes salvadoreños, porque muchos de sus miembros eran migrantes de primera generación y conservaban familia aquí... No fue así, aunque los miembros de la Mara Salvatrucha se regaron por las colonias y barrios del país más rápidamente que los del Barrio 18. Los nuevos brincados de uno y otro bando fueron adoctrinados enseguida en el conflicto.
San Martín fue uno de esos lugares pronto dominados por la MS-13. Samuel aprendió a vivir de forma secreta su simpatía por el Barrio 18.
―Todo empezó así, en los barrios, colonias, municipios. Hasta que en el parque Libertad surgen los deportados… Del parque se bajaba todo, o sea que era como la comandancia; había homeboysde San Martín, Quezaltepeque, Ciudad Delgado, Soyapango… pero en ese tiempo, esos lugares estaban llenos de los de las letras (MS-13). No podías decir que eras 18 porque te comían frito. Pero su altivez no les permitía ver que estaban fracasando…
Para 1994, Samuel se había convertido en una pieza valiosa para la nueva guerra entre pandillas que comenzaba a fraguarse. Guardaba silencio en San Martín, rodeado por los primeros simpatizantes de la Mara Salvatrucha que reclamaban a los cuatro vientos esos territorios como propios. Pero sabía que sus enemigos tenían que moverse de ahí, tenían que tomar autobuses que generalmente atravesaban el centro de San Salvador. Y allí, en terreno neutral, Samuel los reconocía y los señalaba.
―Les decía a los homeboys: guache, ahí va un fulano, y salíamos corriendo a parar el bus, a enfierrarlo dentro del bus, o lo bajábamos a pedradas. Yo era bastante útil. Ellos se hacían esclavos de sus propias colonias, mas no sabían que los cazábamos en otros lados. Y así es como se le daba uso al filero, y así sucedía la violencia en el centro…
Samuel se desvivió por demostrar lealtad, por probar que era un morro firme, que aunque era bicho no le temblarían las piernas, que no traicionaría… Que viviera en una colonia de contrarios era útil para guerrear pero despertaba recelos entre los dieciocheros.
Sus homies le recomendaron prudencia, le explicaron que una vez brincado no había retorno, lo pusieron a prueba, le hicieron mojar el puñal, matar… hasta que se ganó la entrada. Un día de 1994 Samuel recibió su paliza bautismal y sus nuevos hermanos de furia le llamaron Hamlet y le tatuaron los números en la piel. El Hamlet se puso muy contento.
* * *
Para 1995, en el ambiente ya se asociaba al parque Libertad con el Barrio 18. La Mara Salvatrucha no se había quedado de brazos cruzados: se vinculó con los estudiantes de los institutos técnicos y se asentó en la plaza Zurita y la plaza Morazán. En su expansión, chocócon la pandilla local MZ, que en el parque Libertad ya caminaba refugiadabajo la sombra del Barrio 18, y consolidó la alianza entre sus enemigos. Algunos miembros de la MZ se tatuaron, a la par de los símbolos de la pandilla Morazán, unos guantes colgados y los números del Barrio. Dejaban una pandilla y se unían a otra.
Las pandillas no solo peleaban por el control de plazas y parques, sino también por imponer su presencia en locales nocturnos, como la legendaria discoteca El Sancocho que, a fuerza de matonerías, terminó siendo reclamada por el Barrio 18.
Se sellaron alianzas con la mara La Máquina, que operaba sobre todo en el municipio de Apopa, y con la Mao Mao,que se había hecho fuerte en San Antonio Abad, uno de los raros cantones urbanos de la capital. Ambas pandillas también buscaban cómo sobrevivir ante el embate de la expansiva Mara Salvatrucha.
Con su estrategia de guerra, el Barrio 18 logró ir desplazando a la Mara Salvatrucha de algunos lugares, y reclamó el control mayoritario de populosos municipios y colonias de la zona metropolitana, sobre todo en San Salvador, San Marcos, Soyapango, San Martín, Quezaltepeque y Ciudad Delgado.
Sin embargo, la presencia de las pandillas no traía implícito el yugo de la extorsión, de la renta a los autobuses que circulaban por los territorios reclamados, ni el saqueo de los negocios de la zona, o la venta sistemática de droga en las esquinas. Se trataba de eso: de tener presencia, de decir: aquí yo controlo. Se estilaba arrebatar algún reloj, o asaltar a alguien por la cartera; o simplemente pesear, que no era otra cosa que pararse en una esquina a pedirle un colón a todo el que se atravesara; o sea, de mendigar una moneda de aproximadamente diez centavos de dólar.
Desde el parque Libertad se irradiaba la pandilla para el resto de sus territorios, siempre menores que los que controlaba la MS-13, pero no por ello despreciables. Como había que proteger aquel bastión ante enemigos crecientes y más organizados, algunosdieciocheros del parque acordaron aportar cinco colones cada domingo para conseguir armas para la guerra.
Al principio compraban pólvora en las fábricas de juegos pirotécnicos y con ella fabricaban papas, una especie de granadas hechizas que en su versión más rudimentaria consistía en apisonar pólvora con cinta adhesiva alrededor de dos piedras que con el contacto provocaban una pequeña chispa y ¡pum! Luego se sofisticaron más: la pólvora dejó de ser de petardo y comenzó a ser de las balas de fusil que compraban a los soldados en los cuarteles… Luego alguien inventó agregarle la raspadura de metal que dejan los tornos, lo que aumentaba la capacidad explosiva del artefacto y sugirió agregar las balas sin casquillo, que al explotar la papa volaban como esquirlas y multiplicaban el daño… Luego alguien inventó los trabucos y los percutores: tubos de metal en los que se metía una bala que se detonaba golpeándola por distintos medios. Dependiendo de su grosor, el tubo disparaba balas de diferentes calibres. El problema es que el tubo se doblaba luego de tres o cuatro tiros.
El Sherlock estrenó una de estas armas hechizas un día que su autobús bordeaba la plaza Zurita y un grupo de pandilleros de la Mara Salvatrucha se encontraba reunido: lanzó una papadesde el vehículo en marcha y asegura que nunca supo si aquella vez alguien murió.
Los conflictos comenzaron a traslaparse. ¿Cómo saber si guerreaban técnicos contra nacionales o el Barrio 18 contra la Mara Salvatrucha? Cada vez estaba menos claro. ¿Qué hacer si un homeboy brincado al Barrio estudiaba en un instituto técnico? Al principio, los muchachos, aferrados aún a su conflicto añejo, les permitían estar en el parque Libertad siempre y cuando se quitaran el uniforme del instituto. Para los bajados aquello no tenía sentido, pero para los estudiantes no fue fácil abandonar sus rituales.
No todos los tirapiedras terminaron en el Barrio 18 o en la Mara Salvatrucha, y por ello los conflictos convivieron hasta que terminaron diferenciándose, pero un nutrido grupo de muchachos dejaron los centros de estudios y continuaron la guerra ya solo como pandilleros.
En aquellos años nadie se consideraba jefe de nadie y no existían los títulos nobiliarios pandilleriles, como los actuales palabrero o ranflero. Simplemente había algunos que tenían más respeto que otros. La autoridad llegaba si para el resto de homeboys tu palabra tenía valor o no, aunque por lo general la palabra que más valía era la de los bajados.
“Para mí, la los mejores años de las pandillas fueron los de los deportados, que gobernaban con carisma”, repite el Hamlet, enfatizando que aquellos no se hacían respetar a través del miedo, sino de actitudes solidarias, como compartir la comida o ilustrar a los demás sobre los códigos pandilleriles. Destacaba, por ejemplo, el Whisper y también otro pandillero grande y musculoso, que llevaba tatuados en la cabeza los números. Lo llamaban el Cranky.
El Cranky hacía respetar los códigos de la pandilla con sus propias manos: cuando supo que cuatro de sus homeboys habían violado a otra pandillera del Barrio, les dio una paliza y una puñalada a cada uno. Aquel hecho le granjeó respeto y admiración entre los demás.
En los años siguientes, algunos crearon sus propios negocios de venta de droga, que se hacían a título personal. El Barrio 18 les pedía alguna colaboración puntual, pero esta no se entendía como una obligación. La pandilla a finales de los noventa era más bien una federación de lugares controlados, de pequeñas células de homies, de clicas repartidas en todo el país con poca o ninguna comunicación entre ellas.
Al no existir con claridad una cadena de mando, no era extraño que se tomaran decisiones poco meditadas, o que ocurrieran batallas internas que nadie estaba en posición de detener. En 1997, un respetado pandillero de la colonia Dina de San Salvador, el Tío Barba, antiguo bachiller del Nuevo Liceo Centroamericano, acusó a un homeboy de San Marcos de haber matado a su amiga. La guerra entre las clicas de la Dina y de San Marcos duró varios años y se cobró varias vidas de dieciocheros… a manos de dieciocheros.
El Sherlock fue a parar a la cárcel, al tabo, por el homicidio de un miembro de la Mara Salvatrucha en 1999. Dos años más tarde, también el Hamlet fue encausado por haber ocasionado lesiones a un tipo. La década de los noventa había transformado a un niño de cantón y a un estudiante de bachillerato en homeboys del Barrio 18. Fue estando encarcelados cuando ambos comenzaron a sospechar que en la calle las cosas estaban cambiando. Cada vez las normas eran más estrictas, cada vez había más autoridad y cada vez era ejercida de una manera más férrea. Una sombra se comenzaba a alargar al interior del Barrio 18, y la pandilla poco a poco dejó de ser lo que era.
Alguien estaba afinando al Barrio 18 para convertirlo en un instrumento más preciso, más complejo. El juego había terminado.
--------------------
Lea este JUEVES 20 DE OCTUBRE el CAPÍTULO III de El Barrio roto: El imperio de Lin
el juego
Escrito el 2012-10-12 01:14:00 por Douglas
Buen reportaje pero faltó veracidad en los nombres de las instituciones: el INAM significa Instituto Nacional Prof. Alberto Masferrer, Centro Escolar Joaquin Rodezno, entre otros. Además, algunos institutos no se meten en problemas y otros si, como el Insituto Tecnico Salvadoreños (ITS), el extinto Instituto Cervantes (ICMC), en fin, les puedo ayudar con el tema, porque no mencionan realmente lo que pasan con las pandillas estudiantiles. Yo vi caer a mas de 20 estudiantes en esas peleas sin sentido... saludos
parque libertad
Escrito el 2012-04-23 11:41:12 por mandy
me cuesta creer que todavia el periodismo o dis que periodismo en el salvador busque endiosar personas que le asn mucho dano a nuestro querido pulgarcito con tal de vender no ay dudaque estos tipos de los quese estan ablando existen y que tienen el respeto y asta almirasion de muchos pero se abla de eso nada mas y no de los pobres salvadorenos que travajan por un misero sueldo que les cuesta llevar un pedaso de pan a su meza y alos cuales estos tipos extorsionan y matan o de los jovenes que desean superar y que por el simple hecho de vivir en barrio diferntes matan sin deberle nada a nadie ay muchas historias que contar de nuestro querido el salvador me gustaria que se contaran las que despierten consiencia en los salvadorenos que devemos amar nuestra tierra y sentirnos orgullosos de hijos suyos podernos llamar o sera que la clase politica le comviene seguir governandonos con hambre y terror y los medios de comunicacion son los lacallos que contrivullen a que eso pase
El juego del parque libertad
Escrito el 2011-11-17 16:12:24 por Brutus
Lastima que no pude opinar antes, pero creo que en realidad te falto ir un poco mas atras. La 18 tambien empezo en el Divino Salvador, y de hecho la simpatia con los nacionales empezo porque los expulsados del Inframen (Ex-IN) se iban a estudiar al Cnetroamericano, la Enco, el CHC y el Divino. Las primeras clicas llegaron en 1991, de hecho me acuerdo del Fraggle y el Droopy en el Divino. Ademas, la Gallo era de la Fosa y de mejicanos, y fue quizas la pandilla mas fuerte antes que las dos que dominan hoy. El Terciframen estaba dividido, en la mañana la mayoria eran nacionales pero tambien convivian tecnicos. La tarde si quizas era toda simpatizante de los tecnicos. Te falto mencionar maras como la Hades por ejemplo.
Recuerdos
Escrito el 2011-11-14 16:58:23 por samuel
En la decada de los noventa aunque no estaba en bachillerato pero en la escuela donde curse basica, tambien estaba emproblemada como estaba hubicada en el barrio modelo, ahi llegaban los MS... y alguno que otro compañero le gustaba vacilar con ellos..
Correccion
Escrito el 2011-10-24 23:22:24 por Alejandro
Solo deseo mencionar que los primeros bastiones de los estudiantes alineados con los "tecnicos" fueron: Parada de buses frente a Pollo Campero por Parque San Jose, a la par de Salandra Hmnos. ese era el lugar de reunion de los que salian de estudiar en la mañana. el otro fue el ex Hotel Bruno frente al Mercado ex cuartel hasta la esquina de joyeria suiza , ese era frecuentado por los estudiantes de la tarde. Y es correcto los pandilleros estudiantiles fueron el semillero del cual se aprovecharon los deportados para crear las mafias que ahora existen. Y para mas lastima esos institutos siguen siendo semilleros de futuros delincuentes. Me pregunto porque los padres matriculan en esos institutos a sus hijos??? seran tan ignorantes que no saben lo que por decadas ha pasado en ellos???? Mas ojo padres a lo que permitimos a nuestros hijos.
buscando orígenes
Escrito el 2011-10-18 20:01:07 por Fernando José Roca Cabrales
En la anterior entrega comenté que estas historias o investigaciones ayudan a los salvadoreños a formarse un mejor panorama del fenómeno y a no pensar u opinar superficialmente que la culpa es del Director de la PNC o que la culpa es de Manuel Melgar. La responsabilidad de este fenómeno es de muchos y sus orígenes se remontan a unos 25 años; es obvio que los gobiernos de aquella época tienen mucha culpa por omisión, también la migración y la consecuente desintegración familiar jugó un papel notable, la gran cantidad de armas de fuego dispersas en la población, la facilidad para obtenerlas, la nula gestión de los gobiernos para apasiguar las deportaciones masivas de reclusos desde EEUU, en fin todos esos factores insidieron en el monstruo que ahora tenemos y ahora con el narcotráfico la mescolanza está más yuca, por cierto de esta mescolanza desde hace ratos forman parte también políticos, jueces, pnc's, fiscales, etc.-
La niñez de enemedio
Escrito el 2011-10-18 17:17:30 por Josh Ramírez
El proceso de trancisión entre la guerra y los acuerdo de paz dio como resultado la fermentación de los grupos de pandillas hoy existentes. Esta generación que vivió su adolescencia en los años 90, los que no son de haya porque la guerra terminó y ni de aquí porque no hay nada construido, son los que enteblaron el futuro, nuestro presente, nuestro nuevo siglo. Esa fue mi niñez, ver como evolucionaron los grupos de rebeldes estudiantiles a pandilleros con identidades de barrios. Ahora, ¿qué queda por hacer? Cuando los que pertenecemos a la generación del nuevo siglo nos enfrazcamos en ver a a los hijos de estos "bajados" como material para exterminarlos.
Porque el Parque Libertad
Escrito el 2011-10-17 21:23:48 por milton adalberto
es importante reconocer que la investigacion esta bastante nutrida con una reseña historica y de los acontecimientos de los 90 y la venida de los primeros pandilleros de los Angeles a es salvador pero enrealidad faltaron algunas cosas como el por que el parque Liberatad por que no otro y como fue seleccionado, por quienes y donde de alli lo de los estudiantes y las demas pandillas que se aliaron con ellos eso es solo logica y lo mas importante que papel jugo el parque libertad en la espancion de la pandilla a nivel nacional por que la cabeza que dejaron en las bancas del parque si mal no recuerdo fue de las primeras desmembradas que hubieron en el pais depues de la guerra por que el parque LIBERTAD.
Sobre el reportaje
Escrito el 2011-10-17 21:23:27 por kering lopez
Excelente reportaje, espero ansiosamente la proxima entrega!!
pandillas
Escrito el 2011-10-17 15:04:52 por Romulo Gallegos
OTRA obra importante de C.Martines+Saenz,tan importante como su serie investigativa de la migrancion inoducmentada!! Ojala la plasmen con a un documental visual calidad
Los '90
Escrito el 2011-10-17 12:19:02 por Jeco
Para los que hemos visto mas o menos esta evolucion y el origen de lo que es la nota, quedan muchos flecos o cabos por atar pero en general es eso lo q ha pasado, yo recuerdo los grandes relatos de una amigo "el choco" se llenaba la boca todas las tardes cuando masconiabamos en la polvoza de que habia partisipado tirando piedras en alguna batalla del centro... es increible como ha cambiado esto, por q al principio todos estos no mas le hagarraba la locura solo por defender su dis q territorio y hoy q... hoy es una guerra despiada y mucho mas sin sentido que al principio... recuerdo bien cuando en la colonia mataron a uno de los dos que controlaban el barrio 18 ai y creanme no eran cualquieras eran de los meros meros de aquel entonces es mas para q vean q no es paja a uno de ellos el slapy creo la BBC le hizo un documental q jira al rededor de el, busquelo en youtube y van aver q no es paja... ese tipo yo lo conosco desde q era niño mataron a su hermano en la colonia y desde ai el barrio 18 se partio y dejo de ser lo q era... guerra de pandilas o algo asi se llama no recuerdo bien pero crean o no la BBC lo documento a el y al otro marero de la zacarraca donde se cuenta como uno va en decadencia y el otro va con todo... a la espera de la proxima entrega... CACHIMBOM...
Para conocimiento
Escrito el 2011-10-17 11:54:43 por Sofía
No he sido testigo de esos enfrentamientos, pero sí he observado como el fenómeno ha venido cambiando con el tiempo. Mucho no tenemos conocimiento de la raíz del problema; sin embargo con esta entrega de la Sala Negra es reconocible el inicio del fenómeno.
El inicio de las batallas campales en el parque libertad
Escrito el 2011-10-17 05:51:01 por Gerardo A Henriquez
Recuerdo que las primeras peleas en el parque libertad fueron en 1980 cuando los del Nuevo Liceo Centroamericano se peleaban con los del cervantes, y despues se unieron otros colegios. TOdos los dias, al mediodia se juntaban para darse con todo, hasta que la PN empezo a cercar el parque para evitarlo. Luego trasladaron las peleas a otros lados y mas estudiantes de otros colegios se empezaron a "agregar" al pleito. Los que estudiabamos en la ENCO en esos tiempos ibamos a ver las peleas desde las gradas de La Dalia.
Acerca de la publicación
Escrito el 2011-10-17 03:05:04 por José
Recuerdo que en los años 90 y mediados de este las pandillas se dedicaban a lo que se expresa en la misma nota pero eso es un punto de vista ya que la acciones que hoy nos aquejan como la extorsión, sicariato, homicidios entre otros no fueron expresamente producto del año 2000 a la fecha, pero los felicito porque reflejan los grados de precisión o evolución que han tenido las pandillas en nuestro país, esperare la siguiente entrega.