Regresar al inicioMedio año se ha cumplido ya desde que el Gobierno movió desde el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca a los líderes de la MS-13 y el Barrio 18, y con ello inició la tregua. Mucho se habla y se escribe en las alturas sobre esta tregua sin precedentes, pero ¿han mejorado en algo las condiciones de vida en las comunidades más afectadas por las pandillas?
La última vez que visité el reparto La Campanera, a mediados de agosto, los pandilleros habían borrado todos los placazos (los grafitos) referentes al Barrio 18. Admito que me sorprendió, en especial por tratarse de un lugar tan emblemático. A estas alturas pocos en El Salvador no habrán oído de La Campanera, pero nunca está de más recordar que, ubicada en la zona norte de Soyapango, seguramente sea la colonia más estigmatizada del país. Fue ahí donde Christian Poveda rodó durante siete meses el material que después condensó en el documental La vida loca. Más de cinco años después de aquel rodaje, el reparto sigue siendo feudo del Barrio 18; en concreto, de la facción de los Sureños.
Decía que la última vez que visité La Campanera los pandilleros habían borrado los placazos. Y no es poca cosa. En los últimos tres años he visitado esa colonia con relativa frecuencia (publiqué una crónica titulada Vivir en La Campanera), y ni siquiera durante la fase más agresiva de su militarización –en la primera mitad de 2010– las paredes estuvieron libres de las pintadas que explicitan la territorialidad. Ni el Ejército se atrevía a tocar esos grafitos. Los seguramente escasísimos lectores de El Faro que viven en lo que cariñosamente me gusta llamar el bajomundo bien sabrán lo que los placazos significan para una pandilla y lo que supone borrarlos.
Le tregua y el consecuente proceso de paz han permitido estos cambios en apariencia mínimos, pero, para valorarlos en su justa medida, hay que ponerse en el pellejo de quienes conviven día a día con los pandilleros allá abajo, en las comunidades empobrecidas.
Casi siempre quienes opinamos-valoramos-pontificamos sobre los beneficios o no del proceso somos personas alejadas del problema. Resulta fácil y superficial desahogarse frente una computadora en un despacho aireacondicionado o en un plató de televisión, citar a gurús extranjeros o hacer estériles paralelismos con las mafias rusa o siciliana, sin siquiera intentar acercarse con humildad al bajomundo y preguntar a quienes más y mejor conocen el problema. Esto aplica tanto para el docto columnista del poderoso diario de tirada nacional, como para el que anónimo comentarista en Facebook o Twitter desde su residencial amurallada.
No me malinterpreten. No doy a los placazos borrados de La Campanera más importancia de la que tienen. Es algo aislado que no sirve para sacar conclusiones sobre un fenómeno tan complejo como el de las pandillas. De hecho, en las colonias aledañas, controladas también por el Barrio 18, no se ha replicado la iniciativa. En el otro lado de la balanza, en las últimas semanas he visitado también un cantón ignoto situado en el departamento de Cuscatlán en el que la Mara Salvatrucha-13 ha aprovechado la tregua para instalar una clica, y con ella, la estructura de terror que implantan allá donde llegan. Sacar conclusiones sonoras de la primera anécdota sería tan torpe como extraerlas de la segunda.
¿La tregua ha beneficiado allá abajo, donde más se sufre a los pandilleros? En las últimas semanas he tratado de ensayar una respuesta, pero no de boca de comisionados, funcionarios o analistas del altomundo salvadoreño, sino de boca de líderes comunales o de simples residentes de comunidades afectadas en distintos puntos del país. Mi libreta ha quedado salpicada de apuntes y valoraciones que ahora trato de resumir:
1) Desde el 8 de marzo –día en el que el Gobierno de Mauricio Funes sacó del penal de máxima seguridad a los líderes de las dos pandillas, y con ello se activó la tregua– hay menos muertos y menos desaparecidos. Y sí, al atenuarse la guerra entre las pandillas, los propios pandilleros son los que menos bajas están teniendo, pero también han dejado de morir policías (y sus familiares), soldados (y sus familiares), cobradores y motoristas de buses y microbuses (y sus familiares), custodios (y sus familiares)…
2) Que mueran menos pandilleros ha supuesto que se hayan reducido las incorporaciones a la pandilla, y hay que tener en cuenta que en muchos casos el brinco no era algo voluntario, sino forzado. Con la tregua menos niños-jóvenes se están convirtiendo en pandilleros activos. Hay menos reclutamiento.
3) La estructura de terror de las pandillas se mantiene vigorosa en las comunidades que controlan. La renta se sigue cobrando a todos los niveles, y hasta se han refinado los métodos. Un líder comunal de Soyapango me lo ilustró diciéndome que, tras la tregua, las formas de pago “se han tecnificado”. Se refería, por ejemplo, a que ahora piden a los extorsionados que dejen el dinero en algún lugar, para evitar que el pandillero tenga que ir al negocio y exponerse.
4) La presión de la Policía y de la Fuerza Armada, en general, se ha atenuado, y los pandilleros se mueven con mayor libertad. Como consecuencia, hay menos roces, menos choques, menos cacheos, menos carreras, menos balazos… en definitiva, hay menos tensión en el ambiente, y esto beneficia a todos los residentes. Antes, cualquier joven de estas colonias estaba expuesto a golpizas de los policías y soldados, fuera o no pandillero, y esos abusos se han calmado.
¿Que si la tregua ha traído beneficios para los cientos de miles de salvadoreños que son bajomundo? Sigue habiendo muertos –aunque menos–, y sigue habiendo extorsiones y abusos, pero cambios positivos también ha habido. La misma botella unos la verán medio vacía, y otros, medio llena. Pero creo que a todos nos conviene salir de nuestras burbujas, analizar con honestidad la oportunidad que se ha abierto, cuestionar la inadmisible pasividad del Gobierno en temas clave como la prevención y la rehabilitación, y hacer un esfuerzo por conocer de primera mano cómo se vive en ese bajomundo, que es la verdadera esencia de El Salvador.
(Soyapango, San Salvador, El Salvador. Septiembre de 2012)
seria bueno tregua pueblo-maras
Escrito el 2012-09-25 19:52:15 por julio
yo vivo en una colonia afuera de la ciudad, pero lo malo es que aqui sigue lo mismo, extorsionando, asaltando a cualquier vendedor ambulante que pase por aqui, y siempre con el temor al salir todas las mañanas a trabajar para darle el sustento diario a mi familia y a estas personas que tienen grandes comodidades a costillas de nosotros los que luchamos para darle un futuro digno a nuestros hijos
La historia no sigue igual...sigue peor!
Escrito el 2012-09-22 21:05:26 por antonov
En la comunidad donde vive mi familia, una colonia no tan mal, digamos que de aceptable nivel de vida, la mara sigue con su estructura de terror, siguen asesinando panaderos, y comerciantes que se niegan a ser extorsionados; siguen cometiendo delitos, y ahora hasta con mas libertad y con mas naturalidad, sabiendo el impulso mediatico que han tenido con eso de la supuesta negociasion con el gobierno... esto no tiene solucion, los marosos tienen dos caras; una q presentan ante las autoridades, los medios y la sociedad....otra que ejercen ante la gente de las areas donde ellos gobiernan que son una gran porcion de territorios a nivel nacional y en aumento. Dicen que tienen palabra, nada mas falso; hoy sostienen su palabra y al siguiente dia actuan contrariamente a lo que han pactado...estas estructuras siguen y seguiran cometiendo crimenes sin escrupulos hasta el dia q se mueran...esa es su vida, no hay regreso para ellos...creo que vamos a tener que hacerles guerra, vamos a tener que exterminarlos para poder tener un pais libre...estamos peor que en la epoca de guerra...mucho peor...es una verdadera pena que existan personalidades tan ignorantes, irresponsable que no sepan determinar las verdaderas intenciones de estos criminales incurables.... ellos deben estar detenidos en lugares donde no puedan cometer crimenes contra la gente trabajadora que quiere solo vivir en paz....a ellos solo les inetersa continuar en su mundo de crimen y sangre y todo lo que digan sus lideres es solo un juego de palabras... resultado de no tener nada entretenido que hacer dentro de las carceles, resultado de su hambre de salir a matar, violar, extorsionar, y generar el terror en la gente... Deebemos hacer algo, como pueblo, individualmente, o colectivamente...como mejor convenga... y comenzar a tomar la justicia en nuestras manos que es algo que segun el caracter mas ortodoxo del Dios en quien creemos... es un deber...cuando la justicia institucional falla, la justicia debe ser tomada en nuestras manos por obligacion.... y estaremos con eso luchando por una causa humana, legal y meritoria...hagamoslo...yo estoy listo !
Habitante de zona cercana a pandillas
Escrito el 2012-09-19 20:52:57 por Eduardo
Yo continúo viendo como siguen extorsionando, como han seguido manchando y como ahora la mayoría de muertos ya no lo ponen ellos, una parde manchada con letras de maras sale sobrando cuando las extorsiones siguen, cuando obligan a comedores a proporcionarles alimentos. La receta para estos parásitos es la misma que ustedes mencionan en un reportaje donde se habla de una terminal de Guatemala donde no hay asaltos, porque quien lo intente saldrá muerto. Funciona? claro! ahí no hay asaltos, pero aquí el gobierno actual le gusta "chinchinear" delincuentes, por cierto los peores! los que ya hace mucho debieron ser borrados del mapa. Muchos hemos crecido en pobreza y no por ello somos delincuentes, pero a la hora de buscar pretextos los enfermos mentales de las maras se escudan en la exclusión.