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“A los expandilleros es a los que más deberían estar apoyándonos”

En pocos lugares del mundo el fenómeno de las pandillas estará tan polarizado como en El Salvador: dos grandes organizaciones, la Mara Salvatrucha-13 y el Barrio 18, acaparan el panorama criminal de tal manera que empequeñecen a pandillas como la Mara Máquina, La Mirada Locos 13 o la Mao-Mao, cuyo currículum escandalizaría en otras latitudes. Aún hay, sin embargo, un colectivo de pandilleros más invisibilizado: el de aquellos que escaparon a su clica para no ser exterminados. Hoy, al calor de la tregua, están más organizados que nunca, y El Faro cree oportuno que la sociedad conozca su punto de vista.

 
 

No pidió que se le identificara con nombre falso, pese a los riesgos. Se llama Gilbert Portillo, tiene 28, y por años fue –de alguna manera lo sigue siendo– el Yoggy de la Francis Locos (FLS), una de las clicas con más caché dentro de la Mara Salvatrucha-X3 (MS-13). Dijo ser –y sonó convincente– de las personas que hablan de frente, sin importar quién sea el interlocutor. “Esto lo estoy haciendo por el bien de todos los retirados, porque a mí no me importa pelar la cara a quien sea, defender mis puntos y mis ideas ante los 18 y los MS, ellos saben quién soy y saben que estoy en la jugada”, dijo.

Retirados es, en sí mismo, un término polémico. Los pandilleros activos solo llaman retirado a alguien que se sale con la venia de la pandilla, después de haberse desvivido por el barrio, y consciente de que el cordón umbilical nunca se romperá del todo; los que se retiran sin el visto bueno no son "retirados" sino pesetas, enemigos que merecen la peor de las muertes. Portillo y los suyos se autoproclaman retirados –incluso se dicen Los R–, pero no lo son a los ojos de los activos, y ellos a su vez ponen reglas; un soplón, alguien que echa rata a sus homies, no merece ser tratado como un igual.

Parece un detalle insignificante, pero de alguna manera ilustra la complejidad del fenómeno de las pandillas.

Bajo los términos de Portillo, los retirados o expandilleros se cuentan por cientos, él incluso los cifra en unos 2,000; lo cierto es que hasta el Estado les dio su propio centro penal varios años atrás. Como colectivo han estado invisibilizados, y como individuos cargan sentencias de muerte tanto de la pandilla que los amamantó como de la contraria, y son víctimas de persecución policiaco-militar y del rechazo social. En el mejor de los casos no tienen tatuajes visibles.

Ese es el caso de Portillo. Puede ir en camisola de manga corta y pasar completamente inadvertido. Esta plática, de hecho, ocurrió en el comedor de Unicentro Altavista. Portillo se presentó como vocero de los retirados, habló incluso de la Asociación de ExPandilleros de El Salvador en ciernes, un colectivo cuya voz irónicamente apenas se ha escuchado en el peculiar proceso que vive El Salvador desde marzo de 2012, porque el gobierno durante meses se limitó a negociar con las dos grandes pandillas: la MS-13 y el Barrio 18.

La plática con Portillo fue larga y amena y, además de servir para conocer el punto de vista de los retirados –el que quizá sea el grupo de pandilleros más interesado en buscar una solución dialogada al complejo fenómeno de las maras–, cumple al menos otras dos funciones: por un lado, permite conocer interioridades silenciadas por el gobierno y los facilitadores, como las altas dosis de “show” que envuelven el proceso o el reparto de canchas que se está dando; y por otro, permite también conocer mejor la mentalidad pandilleril, que paradójicamente parece ser uno de los más grandes obstáculos para que se pueda soñar con verdaderos “municipios de paz”.

¿La unificación de la voz de los retirados es anterior a la tregua?
La idea sí que viene desde atrás, desde 2004 por lo menos, y lo primero fue quitar la desconfianza entre nosotros dentro del penal, porque había una gran desconfianza y nadie podía actuar a favor de nadie, por miedo a que esa persona estuviera infiltrada o algo. Pero ha sido con la tregua que hemos comenzado a discutir ideas, a dejar todo ese temor y a pensar en el futuro. Con la tregua se ha agarrado nuevo impulso, ¿me entendés? Pero ha habido varios procesos.

Se refiere a procesos para unificar a los retirados.
Cabal.

¿Por qué el de ahora es más serio?
Supongo que porque llegamos a la conclusión de que ahora sí vale la pena. Y tal vez la gente dice: ah, pero este retirado todavía anda pidiendo renta, y sí, pero no es justo que por uno nos manchemos todos. Las piezas ya estaban, solo que ahora sí se ha armado el rompecabezas. Más retirados han comenzado a creer, se ha sentido ese apoyo y están saliendo las ideas. Nuestro proceso además está siendo muy transparente, y todos saben lo que hace cada uno de nosotros.

¿Tuvo que pedir permiso para concederme esta entrevista?
Sí, claro…

[Justo en este momento sonó por primera vez el teléfono de Portillo, un modelo voluminoso y colorido que estaba sobre la mesa. Lo alcanzó de inmediato y pulsó un botón para acabar con la bulla. Disculpá, dijo. Durante el resto de la entrevista el ritual se repitió cada 10 o 12 minutos. Y cada dos o tres llamadas, no solo cortaba el sonido como señal de que había alguien al otro lado, sino que contestó y dijo escuetamente que todo iba bien y que él les llamaría al finalizar la entrevista]

¿Ve? Ellos son…

Esa llamada viene del penal de Sonsonate…
Sí, y tengo que estar pendiente. Si no respondo, van a creer que algo ha pasado.

[Lo mismo que el Estado salvadoreño otorgó a la MS-13 los penales de Ciudad Barrios, Chalatenango y Gotera, y al Barrio 18 los de Cojutepeque, Izalco y Quezaltepeque, los retirados tienen desde hace varios años su propia cárcel: el Centro Penitenciario de Sonsonate. Construido para no más de 200 internos, hasta antes de la tregua acogía a 500, pero de unas semanas para acá la población supera los 800. Unos 300 expandilleros que estaban regados por todo el sistema penitenciario, aislados muchos de ellos, han sido movidos a Sonsonate por la Dirección General de Centros Penales, lo que a juicio de Portillo es un gran logro. “Al acuerdo se llegó por esto de la tregua”, dijo, “y se tuvo que pedir el pase a las pandillas, y lo dieron, porque es un bien para todos”.

¿Cómo pueden considerarlo un logro si hoy están más hacinados?
Pero nuestra gente está más tranquila en Sonsonate que en otro penal, y a los voceros nos ha servido para demostrar que vale la pena lo que se está haciendo.

¿Ustedes se consideran pandilla?
No, aunque entiendo que haya gente que malinterprete las cosas… Ya me han dicho: ustedes, poniéndose cosas así, como eso de los R, dan a entender que siguen siendo pandilla. Pero esas son ondas que no se puede cambiar, pues, porque casi todos nos criamos en ese mundo, renunciar a eso no es tan sencillo. Al final, más que si nos llamamos de una manera u otra, de lo que se trata es de no hacer cosas malas.

Tras el paso por Sonsonate, ¿los retirados mantienen algún tipo de relación en la libre, fuera del penal?
Siempre hay una relación, porque todos sabemos que si no estamos organizados, nadie nos va a organizar, y no tenemos dónde más llegar, porque no tenemos canchas, ¿me entendés? Ahora estamos en una tregua, y una tregua quiere decir que el gobierno está ofreciendo algo para que la gente deje de delinquir… Para mí está claro que este proceso desde un principio tenía que haber incluido a los expandilleros, como ejemplo de quienes hemos querido alejarnos de las pandillas antes incluso de la tregua, una decisión que cuesta tomar. A nosotros los expandilleros es a los que más deberían estar apoyándonos.

¿Quién representa a los retirados en esta negociación con el Estado?
La batuta ante los facilitadores la ha agarrado Guillermo García [presidente de la Asociación de Ex Internos Penitenciarios de El Salvador, AEIPES, alguien que no proviene del mundo de las pandillas y quien trabaja sobre todo con reos del penal de Mariona], pero yo sé que esto no es así por así, ¿me entendés? Lo que se ha logrado hasta ahora es ganancia, sí, pero necesitamos más apoyo, para que nuestra gente vea que sí, que es serio. Imaginate: ¿qué estoy pidiendo para este mes? Que nos den pintura para el penal, porque yo sé cómo está, yo sé cómo es aquello, ¿me entendés?

El 4 de diciembre hubo un comunicado de la pandillas al que esta vez se sumaron la Mao-Mao, la Mara Máquina y La Mirada Locos 13. ¿Por qué no está la firma de los retirados?
Se están haciendo cosas sin consultarnos.

¿Se oponen a lo de los Municipios Santuario?
No, pero Guillermo no nos dijo nada, no nos invitaron. Pero anoche [por la noche del martes 4 de diciembre] bien que me mandó decir que no me reuniera con vos, porque dice que El Faro está en contra del proceso. Pero eso a mí no me interesa, soy de los que cree que el que más en contra mía está es al que más información hay que dar, para que entienda.

¿Los retirados están asistiendo a reuniones con representantes de otras pandillas?
Sí, nos han invitado a algunas y gente nuestra está saliendo desde Sonsonate, pero esas reuniones no han dado fruto. Ahí se está discutiendo cómo repartirse las colonias y los municipios que cada pandilla controlará, con la condición de entregar las armas, cero renta, cero homicidios, cero delitos. Nosotros queremos pedir una cancha, que es el reparto Las Cañas [ubicado en Ilopango, sobre la carretera de Oro, unos 400 metros al oriente del Parque Memorial Los Cipreses, que hace un par de años cobró notoriedad por una gigantesca cárcava que se formó y que requirió la intervención del Ministerio de Obras Públicas].

¿Se sienten excluidos o menospreciados de alguna manera?
No nos están tomando en cuenta como merecemos. Lo que nos han dado hasta ahora es solo para callarnos la trompa.

¿Quién les está excluyendo: los facilitadores o las pandillas?
Los facilitadores, no creo; con Raúl Mijango he hablado y hasta quiso meterme en el proceso. Guillermo me pidió lo mismo, que trabajara para él, pero no puedo, porque soy muy desconfiado, ¿me entendés? Quien quiera trabajar conmigo se tiene que ganar mi confianza, ¿y sabés cómo se la van a ganar? Viendo yo que es neta lo que están haciendo, y eso por ahora no está pasando.

¿Quién es el responsable de que en el comunicado no estuviera la firma de los retirados?
Pues nuestro representante, Guillermo.

Siendo retirados, ¿no cree que las pandillas tradicionales les estén queriendo apartar?
No creo. Si esto se hace como se tiene que hacer, no tiene por qué haber problemas. Ya he hablado por teléfono con cinco locos de ellos, sin faltarles al respeto, y ahí fue que como retirados se les planteó que se nos abriera el espacio, porque lo que pedimos no les va a afectar a ellos en nada, lo estudiaron, y por eso fuimos agregados al proceso.

¿Qué relación hay hoy por hoy entre pandilleros activos y expandilleros?
De parte de ellos… no, nada, no nos hacen saber las cosas. Pero aquí de lo que se trata es que todo sea legal entre nosotros, y que nos den alguna cancha. Quizá quieran vernos la cara o jugarnos chueco, pero creemos que vale la pena. Nosotros tenemos nuestras ideas y no nos interesa tanto lo que ellos piensen. Cada quien con lo suyo. Yo sé que con esto de la tregua ellos han recibido mucho más, pero…

¿Qué han recibido de más?
No puedo contarte eso… Pero a nosotros como que nos ven de menos. Y no solo somos los 800 del penal, somos 1,200, quizá más… ¿Y si revoluciono a toda la gente? ¿Si digo yo: como esto no funcionó, revolucionemos y hagamos lo que tenemos que hacer? Pero no, queremos algo distinto.

Algo distinto. ¿De qué vive hoy día un retirado?
Eso es bien delicado. Mirá, a veces yo puedo ver en una colonia a un amigo, que anda con su mujer, pero ahí la gente ni sabe que es retirado. Él tiene su trabajo y todo, pero nadie sabe y a veces ni nos saludamos para que nadie sospeche, ¿me entendés? De ese que trabaja legalmente nadie dice nada, nadie le pide nada, trabaja y ya, y uno se alegra porque es lo que la mayoría de nosotros queremos. La onda es esa, inculcar que… ¡ya! ¡ya estuvo! Mejor mirar hacia delante.

¿De quién se tiene que cuidar más en la libre? ¿Por qué necesita estar dando avisos por teléfono?
De las pandillas, de la Policía… Ellos no te creen, siempre piensan que uno anda en algo. Y cada quien tiene su manera de rebuscarse, mientras sean permitidas. Yo trabajo, y a veces el dinero que gano ni me lo quiero gastar porque me ha costado.

¿A qué trabajos puede aspirar un expandillero? Si mete papeles en una cadena de pizzerías no creo que lo llamen.
Eso es lo que no entiendo yo: la discriminación. Alguien que quiere salirse de lo malo puede llegar a convencer a cierto grupo, a la gente de su familia, de su colonia, pero no basta, y fuera de ahí lo que le piden a uno son los antecedentes. Nosotros queremos que la gente comprenda que si de 100 expandilleros, 70 quieren reinsertarse, ya es ganancia, ¿me entendés?

Los expandilleros tuvieron en Sonsonate un evento para sumarse al proceso, y recuerdo que entregaron corvos y celulares. ¿Con esa entrega no evidenciaron que también extorsionan?
Vaya, solo imaginate lo que hay que hacer para que la gente vea que uno quiere cambiar. Aquello fue show. Los corvos se hicieron tres días antes, para que todos vieran que uno… ¿me entendés?

¿Fue algo preparado?
Sí, eso sí. Ellos nos dijeron: si ustedes nos entregan algo, llegamos.

¿Quiénes son ellos?
Todos los que están moviendo esto…

La gente de Raúl Mijango.
Ajá. Nos dijeron: ¿cómo vamos a llegar así por así, si ustedes no entregan nada?

Los fierros los hicieron, pero ¿y los celulares que dieron?
Casi todos iban huecos por dentro; no servían. ¿No te estoy diciendo? Hay que jugar el mismo juego de ellos, pero nosotros sí estamos en un proceso sincero por dejar todo lo malo.

¿Cree que en este proceso hay mucho de apariencias y de dobles caras?
Mire, yo no sé qué buscan ellos, pero para ver que esto camina, en el corto plazo, nosotros lo que pedimos son cosas sencillas: una donación de ropa, zapatos, pintura… Nosotros no pedimos plasmas en cada celda ni ondas de esas.

¿Qué mejoras concretas ha traído el proceso al penal de Sonsonate?
Casi nada. Allá no han puesto plasmas. La tienda solo vende pepinesa, mayonesa y frijoles refritos, es lo único que te venden ahí, y tiene cinco años de vender lo mismo. El cambio más importante es la gente que han movido, es lo único que han hecho. Bueno, y que les proyectaron una película en la noche, hace como tres semanas. Y la gente allá adentro se alegra, pero yo sé que eso es manipular la situación.

Sobre los Municipios Santuario, que ahora como que se arrepintieron del nombre elegido, y los han comenzado a llamar Municipios de Paz…
Ya estamos listos para eso.

¿Cómo que están listos si no tienen canchas?
Estamos listos para entrarle, para pedir el enlace con los activos, hablar con ellos y pedirles el reparto Las Cañas.

¿Pero en qué consiste a cabalidad? ¿Se aspira a que en un parque puedan estar a la par, sin provocarse, homies de distintas pandillas y retirados?
La Policía es parte fundamental de todo esto y ya está sabedora…

Sí, sí, pero, ¿y entre ustedes? ¿Va a haber paz entre los homeboys en esos municipios? ¿Cree que podrá tomarse un helado con su familia y un activo sentado en la mesa de la par?
No creo, no es así nomás. Si uno va a un lugar público, la mente de uno es distinta: yo tengo que poner a dos o tres locos: póngase aquí, y usted ahí y usted allá. Para ver el movimiento. Tal como sea, uno siempre va a hacer el procedimiento, eso no creo que cambie. Pero a saber, si la Policía comienza a hacer lo suyo, trabaja con la comunidad, y la gente mira que en cualquier cosa que se vaya a hacer, un evento, la Policía está presente y hace lo suyo, ahí quizá.

¿Una de las razones de todo no es que, siquiera a largo plazo, los homeboys de distintas pandillas puedan convivir en paz?
A nosotros, como salvadoreños, el orgullo nos hace a veces cometer errores que, quizá el día de mañana nos arrepentimos, pero ya están hechos…

¿Pero cree que eso es posible?
Yo eso lo veo imposible, ¿me entendés?

¿Cómo va a haber Municipios de Paz si se mantiene el odio?
La palabra de los líderes vale, y la gente hace caso, pero siempre en la jugada, ¿me entendés? Eso no quita lo bueno de este proceso: ya se está viendo que no hay muertos, que se están levantando algunas rentas en tiendas.

¿Se ha girado la orden de quitar las rentas? Sé de zonas en Mejicanos en las que han dejado de cobrar al menos a la gente más humilde.
Que yo sepa, los 18 han quitado la renta en Las Cañas también.

¿Es sencillo que de la noche a la mañana un muchacho deje de rentear, de matar, cuando prácticamente no ha hecho otra cosa en su vida?
Pues depende del cipote. Si su mente es manipulable, sí, pero si es mente, no lo van a poder manipular tan fácil.

¿En las pandillas qué hay más: gente manipulable o gente mente?
La mayoría es manipulable.

¿Los líderes, las personas con capacidad para manipular, han entrado en esto con un deseo honesto de procurar bienestar al pueblo salvadoreño, como dicen?
Yo no veo esto como un engaño a la sociedad, pero hay mucho de show, para que la gente se acople, ¿me entendés? Entre los activos todo se está haciendo a la defensiva, porque ellos sí están bien comunicados, sí saben lo que están planeando.

Mucho se habla de los pandilleros encarcelados y de sus beneficios, pero, ¿qué hay de los homeboys en la libre? ¿Ellos se sienten cómodos en la nueva situación?
Pues la verdad es que también ha habido ganancia. Con la tregua se ha ganado tranquilidad, porque es el de afuera el que más presión tiene, ¿me entendés? Porque sos el que tenés que hacer las cosas, y uno sabe que hasta la familia te pueden matar. Ahora no se tiene esa presión.

La tregua ha llevado más tranquilidad a las clicas.
La presión se ha quitado de la forma que ya no te mandan cada día 13 o cada fin de mes, ¿me entendés?

Pero si yo me voy a caminar ahora por la Altavista o por Montes, seguramente me pongan.
Como no sos de ahí, seguramente sí. O sea, la orden es no joder a los vecinos.

La sociedad, en general, parece estar muy resentida con los pandilleros. ¿Cómo aminorar ese resentimiento?
Por eso te digo, para que esto sea algo concreto, hay que convencer a la gente de que se quiere cambiar, y para estar bien con la gente primero hay que estar bien uno mismo. Y todo empieza por no quedarnos callados, por hablar, porque al menos nosotros, los retirados, estamos seguros de lo que estamos haciendo.

Para finalizar, hábleme de su condena: cuánto tiempo estuvo y si la cumplió íntegra.
A mí me echaron tres años. Fue cuando me salí de la MS y por eso los hice en Sonsonate. Pero mi condena fue un tanto particular, porque yo podía haberla pasado fuera, tuve la oportunidad de estar yendo a firmar, pero no lo hice y me encerraron.

¿En Sonsonate hay equipo técnico criminológico?
Sí, aunque a veces falte algún integrante. Pero nunca han hecho nada por reinsertarnos, por dar programas y talleres que nos ayuden. El cuerpo técnico no hace nada, no da el ancho, uno tiene que estar pidiéndoles y te responden: no, ahorita no podemos.

¿Sabe que el cuñado del director de Centros Penales está encarcelado y que, por el trato de favor que ha recibido, pasó a Fase de Confianza con apenas un tercio de la pena cumplida?
Es que en el sistema todo se mueve por la influencias. Y si es familiar de Rauda, no hay nada más que hablar. Con casos así es que yo me pregunto: ¿por qué no tratan igual a todos los internos? En Sonsonate no evalúan a nadie.

La Ley Penitenciaria dice que los internos cada seis meses deben ser evaluados.
Pero eso no se hace, no se hace… solo con el cuñado, por lo visto. Y por eso pasan los cambios de carácter de la gente, que se sienten olvidada y nadie la evalúa; por eso pasan muchas cosas adentro. El sistema penitenciario, en vez de ayudar, más presión le mete a uno.


 

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